En medio de recomendaciones vanas sugeridas por el Comité de Sabios, como son las de resolver la crisis con el fomento de la energía nuclear y con la selección de la emigración, en Bruselas se acusa ya el impacto de mi doctrina. Trichet ya lo hizo al rebajar drásticamente los tipos de interés cuando anteriormente no había hecho otra cosa que subirlos.
Ahora se contempla y se cita la monetización de la deuda, que es la solución recomendada por nosotros en cuanto supone que aquella se transforme en aportaciones netas del BCE. Monetización, palabra anatema para los economistas neo. Estos advierten que el peligro de monetización de la deuda es la inflación. De este modo se descubre su falacia: LIBERTAD DIGITAL, alarmada, el viernes alertaba de ese peligro, pero admitía que ya se estaba llevando a cabo en Estados Unidos y en el Reino Unido. ¿Cuál es la inflación en estos dos países después de haber imprimido moneda, que es lo que realmente es la monetización?: 2,3 y 2,6 %, respectivamente. Y si es más alta es debido al precio del petróleo, no al hecho de imprimir dinero.
El BCE se creó proveer de la liquidez y financiación necesaria a los países de la UE, recibiendo para ello los poderes que los bancos centrales tenían en cada uno de los países miembros. Recibió, empero, dichos poderes pero renunció inmediatamente a utilizarlos, creando un problema de liquidez en el seno de la UE.
Resulta sospechosa la coincidencia en todos los gobiernos, en todos los economistas de que la solución pasa por el déficit cero, cargando dicho objetivo a la austeridad y reducción de los gastos públicos, cuya cuantía actual, en cuanto creadora de demanda ha sido un factor de corrección de la crisis. Esa unanimidad tiene un origen privado, no publico. No se impone para curar, sino para cobrar para lo cual hay que satisfacer los intereses de los inversores privados que son los que compran los bonos, presentándole unas cuentas que hacen pensar que lo que prestan lo van a recobrar. Luego no es la solución lo que se busca –nunca se ha buscado- sino el lucro del sector privado al que se le encomienda la solución que de una manera natural corresponde al BCE. No importa que para conseguir este objetivo corra la sangre, el sudor y las lagrimas, como está ocurriendo en Grecia y ocurrió en Latinoamérica en los 80 con los terribles planes de ajuste impuestos por el FMI.
Esto es así porque los países que necesitan más financiación, al no encontrarla en la fuente natural –los bancos centrales- la buscan emitiendo bonos, que son comprados por los citados inversores privados, y estos ponen más alto el precio cuanto más débil es la situación del país, debilidad que se mitiga con una presentación contable equilibrada.
A Grecia se le presta al 5% de interés, cuando el BCE puede prestar al 0%. Vivimos, insisto, una alianza siniestra entre políticos y economistas asalariados de los representantes de las finanzas privadas, que necesitan para encubrir sus fines alguna suerte de doctrina y convertirla en dogma indiscutible –déficit cero- haciendo creer a las gentes que el dinero solo sirve para comprar cuando también sirve para producir lo que se compra. También se les hace creer a las gentes que más dinero es más inflación cuando si hay paro más dinero es más producción, menos paro y más oferta de producto. Pero añaden un disparare aún mayor: el de hacer creer a las gentes que las cosas en el comercio internacional solo se pagan con otras cosas y llamándole déficit al hecho de pagarlas con dinero, que es como se financian los déficit.
Según la doctrina, la base y fundamento de la curación es el equilibrio presupuestario y esa misma doctrina pone en la base del remedio la reducción del gasto público. El gasto público acaba y se resuelve siempre en ingreso privado, y por tanto en demanda privada. Con lo cual reducir el gasto es reducir la demanda y mantener o aumentar la crisis. La solución pasa por monetizar los bonos en circulación y acto seguido cortar la emisión de bonos y sustituirla por la emisión de dinero.
[Escrito por Manuel Funes Robert]