“Abandonad toda esperanza”(*) [Parte I]
La orgía general dominante en toda la UE por el equilibrio de los presupuestos nos hace perder la esperanza de la recuperación por lo que esta orgía es además contraproducente, es contraproducente para dos fines. El principal, salir de la crisis; el secundario o instrumental, equilibrar los presupuestos.
Lo primero porque siendo la causa próxima de la crisis una caída general de la demanda, la reducción del gasto, salarios y pensiones va a ser un duro golpe para la capacidad adquisitiva de la población. Decíamos en un artículo anterior que la democracia nace del principio de que la mitad más uno es la fuente del acierto y lo conveniente. No podíamos imaginar que íbamos a vivir tan pronto el fenómeno según el cual la diferencia de un voto entre 350 votantes iba a conducir a la gran masa a una cura absurda como lo sería luchar contra una enfermedad con dosis adicionales de la propia enfermedad.
Pero es que los ingresos previstos tampoco van a ser los que se calculan por el efecto en las bases imponibles de las cargas y recortes anunciados. Y lógicamente, previendo tales efectos negativos se reconoce que el PIB va a bajar y el paro va a aumentar. Con ello queda probado que acabar con la crisis ha pasado a objetivo secundario. Otro error: la caída del euro frente al dólar interpretada como algo negativo. Un euro débil tiene como efecto positivo el aumento general de exportaciones al área del dólar y la disminución proporcional de las compras a esa área, lo cual es un efecto estimulante y no negativo.
Europa padece una crisis general de liquidez causada por la inoperancia del BCE en 2008, que solo a última hora y a regañadientes ha empezado a irrumpir en el mercado de la liquidez inyectando mediante la compra de bonos basura. La creación del BCE tenía como misión proveer de liquidez al sistema con políticas monetarias activas mientras existiese como es el caso, una cuota importante de paro. Para los mercados, la creación de un BCE único tenía una ventaja trascendental. En lugar de luchar contra las políticas monetarias expansivas país por país, un BCE único ofrecía la posibilidad de lograr el fin de un solo golpe en lugar de luchar para someter a diecisiete bancos centrales.
Pero para asegurarse su nefasta victoria los mercaderes de los mercados pusieron un estatuto al BCE prohibiéndole prácticamente la emisión monetaria. Conseguida la concentración de enemigos en uno solo y prohibiendo estatutariamente la emisión monetaria se situaban en el centro de poder monetario y ayudados por las agencias de calificación, también en manos de los mismos mercaderes, conseguían levantar o hundir el país que quieran. Es por ello que los mercaderes alemanes han dicho que el BCE al emitir moneda se ha suicidado.
[Escrito por Manuel Funes Robert]
(*) Rotulo que Dante sitúa a la entrada del infierno
1. Matar al león de Nemea y tomar su piel
De entrada se tiene por causas del mal en España los 4,5 millones de parados y el 14% del déficit en términos de PIB. De entrada también, se parte del error de dar a ambas cifras la misma significación causante cuando en realidad su significación es la contradicción. El paro nace de una caída drástica de la demanda que se acelera con dicho paro y la cifra del déficit mide la contención de la caída de la demanda de forma que si el 14% fuera un 7% el paro no sería del 20 sino del 25%. Se miden y se acumulan fenómenos malos con otro bueno, pues malo es el paro y bueno el déficit que, insistimos, amortigua la caída, pues más inversión pública significa más actividad cuando la actividad privada está detenida.
Ahora se contempla y se cita la monetización de la deuda, que es la solución recomendada por nosotros en cuanto supone que aquella se transforme en aportaciones netas del BCE. Monetización, palabra anatema para los economistas neo. Estos advierten que el peligro de monetización de la deuda es la inflación. De este modo se descubre su falacia:
A Grecia se le presta al 5% de interés, cuando el BCE puede prestar al 0%. Vivimos, insisto, una alianza siniestra entre políticos y economistas asalariados de los representantes de las finanzas privadas, que necesitan para encubrir sus fines alguna suerte de doctrina y convertirla en dogma indiscutible –déficit cero- haciendo creer a las gentes que el dinero solo sirve para comprar cuando también sirve para producir lo que se compra. También se les hace creer a las gentes que más dinero es más inflación cuando si hay paro más dinero es más producción, menos paro y más oferta de producto. Pero añaden un disparare aún mayor: el de hacer creer a las gentes que las cosas en el comercio internacional solo se pagan con otras cosas y llamándole déficit al hecho de pagarlas con dinero, que es como se financian los déficit.
Tras muchos días en los que muchos han comparado a España con Grecia y nos auguraban un futuro estremecedor, parece que a los mercados les ha valido los últimos movimientos del FMI y la UE. El problema es que estos movimientos traen, como todo en esta vida, consecuencias.

Cada discurso de Zapatero es una constante carta de deseos a los Reyes Magos, sin soluciones, sin sentirse redimido por todos los errores cometidos. Nuestro querido presidente no hace otra cosa que hablar al mismo ritmo, decir las mismas cosas y evitar ciertos temas.
Pues en este periodo, no ha pasado ni un sólo día en el que en los medios de comunicación no escuchemos referencias negativas al tema, aquí todo el mundo opina y, por lo general, no tienen ni la menor idea de lo que están diciendo pero, el caso es vendernos la idea de que estamos mal y por mal camino vamos. Esa idea se ha contagiado al grueso de la población y, por tanto, personas a las que no les afecta directamente la crisis están muertas de miedo por lo que pueda suceder, cuando muchos de ellos se encuentran mejor de lo que estaban.
En la actualidad tenemos un grupo numeroso poderoso y movido por un espíritu fanático, al que se enfrenta como filosofía única la defensa de la democracia. Y entre creer que hay un Dios que está de nuestra parte y que nos recibirá en caso de muerte y creer como ideal contrario que la razón y el bien lo define la mitad más uno de los ciudadanos hay un desfase inicial de fuerzas que no existió durante las guerra de religión, en la cual ambos bandos creían en un Dios que además, era el mismo –“también Europa encendía hogueras” (Menéndez Pelayo en su “Historia de los heterodoxos españoles”-.
