“Hijo de puta” en el Quijote

La palabra puta ha hecho fortuna en nuestra clase política. Cándido Méndez ha pedido recientemente que el gobernador del banco de España se vaya a su puta casa. Pocos días después, Esperanza Aguirre ha llamado a micrófono cerrado hijo de puta a algún contrario. Alfonso Ussía nos ha recordado que la palabra puta figura con gran frecuencia en nuestras grandes obras del siglo de oro.

En el Quijote, cuando Don Quijote libera a los Galeotes, los reúne y tras recordarles la obligación de agradecerle los favores recibidos les dice:  “es mi voluntad que volváis a uniros a la cadena y así, encadenados como veníades, vayáis al Toboso a contarle a mi señora los puntos que ha tenido esta aventura y a continuación quedáis libres”. Ginés de Pasamonte le responde en nombre de todos que esa penitencia no se puede cumplir y le pide a Don Quijote que la sustituya por una serie de padrenuestros y avemarías.

Don quijote se indigna y dice: “pues voto a tal, don Ginesillo de Pasotillo o don hijo de puta, que habéis de ir vos solo, rabo entre piernas y con toda la cadena a cuestas…

Más adelante, cuando Don Quijote vuelve enjaulado a su aldea, en un alto en el camino un cabrero cuenta al grupo las penas que están pasando por un amor desgraciado. Don Quijote interviene con estas palabras: “por cierto, hermano cabrero, si yo tuviera libertad para acometer aventuras, presto me pusiera en camino para que vos la tuvierais buena, pero estoy encantado”. El cabrero pregunta a los circundantes: “¿Quién es este hombre que tan talle tiene y tales palabras dice?”. Le responden “el ingenioso hidalgo, don quijote, protector de las doncellas, apoyo de las viudas y arrimo de las casadas…”. El cabrero dice entonces “o vuesa merced se burla o tiene vacíos los aposentos de la cabeza”. Don Quijote le dice entonces “vos sois un grandísimo bellaco. Yo estoy más lleno que jamás lo estuvo la hija de puta que os parió”.

Nuestro siglo de oro está repleto de citas de este jaez, que podemos leer en Cervantes, Lope y Quevedo de los que nadie osará cuestionar sus áureos textos.

[Escrito por Manuel Funes Robert]


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